Reportaje: Ludopatía, un grave problema de salud pública
El juego es para el jugador un
anestésico que lo fuga de la realidad, para el Estado parte de su economía y,
para los dueños de este imperio, ganancias continuas.
Medellín, la Capital de la Montaña, se encuentra
sumergida en el mundo de las ruletas de la suerte, de los juegos de cartas, de
las máquinas tragamonedas, de las luces que llaman la atención con sus colores atractivos;
se encuentra inmerso en un lugar donde el azar y la suerte pueden convertirse
en tus mejores amigos o tus peores enemigos, ese mundo conocido con el nombre
de casino. Según un informe publicado en la página web de la Cámara de Comercio
de esta ciudad, en Antioquia se encuentran registrados 361 casinos (sin contar
los que trabajan ilegalmente, que según la Empresa Territorial para la Salud (Etesa) son el 18 %),
de los cuales, 229 están ubicados en Medellín. Pareciera como si la Ciudad de
la Eterna Primavera se estuviera convirtiendo en La Ciudad del Entretenimiento (así se conoce a
Las Vegas, EE.UU., por sus numerosos casinos), obviamente, en formato criollo.
Para
algunas personas asistir a un casino no es algo del otro mundo, pero, para el 61%
de la población colombiana que gasta parte de sus ingresos mensuales en un
juego de suerte y azar (datos dichos por Mauricio Bahamón en la revista de la
Asociación Colombiana de Psiquiatría en el 2006), puede convertirse en el peor
error que han cometido en su vida porque, además de generarles la alteración en
muchas áreas de desempeño de tipo familiar, laboral, académica, personal,
espiritual, económica, social, adquieren una enfermedad denominada, por los
expertos, como ludopatía.
La 22a edición del Diccionario de la Real
Academia Española define a la ludopatía como “Adicción patológica a los juegos
electrónicos o de azar”. Etimológicamente, la palabra se origina del latín ludus -que significa ‘yo juego’ o
‘juego’ y del griego pato-que
significa afección, enfermedad o pasión-, por lo cual ludopatía tendría dos
significados: enfermedad del juego y pasión por el juego.
Según
el psicólogo paisa Juan Carlos Giraldo Ramírez, ésta es una patología que no
tiene cura: “Una vez desarrollas una adicción, puedes parar tu comportamiento
pero siempre va a estar ahí un fantasma y si no te cuidas estás en riesgo de
volver a caer”. Esta misma concepción la comparte María Prieto Ursúa, psicóloga
española que realizó su Tesis Doctoral sobre el problema a la adicción al
juego, quien en su libro titulado “Para comprender la adicción al juego” afirma
que “no es fácil asumir que uno es un enfermo, y, sobre todo, que lo será toda
la vida.”
El hecho de que sea incurable es preocupante. “Según
estadísticas internacionales, se estima que entre 2-3% de la población puede
llegar a tener problemas específicos con los juegos de azar”, precisó al
periódico El Pulso (artículo Ludopatía: la ruleta rusa de la salud pública), el
psiquiatra José Mario Gómez, del Programa de Adicciones del Hospital
Universitario de San Vicente Fundación en Medellín.
Bladimir Quintero es un paisa de 46 años que hace parte
de dicho porcentaje. Durante 16 años pasó por muchas dificultades ocasionadas
por esta adicción. Fue echado de su casa en varias oportunidades, llegando
hasta el punto de dormir en la calle.
Además, cayó en el alcoholismo y en el tabaco.
Aunque la ludopatía se encuentra en el grupo de las
adicciones no tóxicas, está sumamente relacionada con otros tipos de adicciones.
Así lo afirma el psiquiatra José Mario Gómez: “más de 90% de los ludópatas son
adictos al cigarrillo, 60% al alcohol y más o menos 40% a otras drogas”.
Quintero, también, intentó ahorcarse por la depresión, la
ansiedad y el guayabo moral -como él mismo lo califica- de haberlo perdido
todo. Según el artículo del periódico El Pulso, “Ludopatía: ruleta rusa de la
salud pública”, la ludopatía “es una enfermedad crónica potencialmente mortal,
tan desesperante, que hasta 90% de los ludópatas piensan en el suicidio como
solución a sus problemas familiares y sociales, a sus deudas. De ellas, un 50%
lo intenta y entre 10-20% muere por esta causa”
En cuanto a las edades de los ludópatas, se puede considerar
que es un asunto relativo. El libro “Ludopatía y relaciones familiares” (de
Miguel Garrido, Pedro Jaén y Ana Domínguez) dice que en el Estudio sobre la
prevalencia de los jugadores de azar en Andalucía (Sevilla, España) se afirma
que el 33,7% de los jugadores dependientes tienen entre 18 y 30 años. Sin
embargo, en el año 2000, también observaron el aumento de personas viudas y
jubiladas vinculadas con el juego.
Incurable pero tratable
Existen
varios modelos que defienden una verdad absoluta de cómo tratar esta
enfermedad. El modelo médico-psiquiátrico asegura que la adicción ocurre por un
desbalance químico a nivel de neurotransmisores que sólo se trata con una
pastilla. El modelo teológico dice que esto se da únicamente porque no le has
abierto la puerta de tu corazón a Dios. La teoría conductual utiliza el castigo
y la presión cómo técnicas para ver la reacción de la persona. La medicina
alternativa afirma que mediante la meditación se puede llegar a la curación.
Para
el sacerdote de la Parroquia San Andrés Apóstol del barrio Castilla, Álvaro
Jaramillo, la ludopatía, al igual que otras adicciones, se puede curar con la
búsqueda de Dios, sin dejar de un lado, la ayuda de los expertos: “Dios nos
infunde fortaleza, nos da fuerza, y con ella podemos superar los problemas,
ayudándonos, también, de las ciencias de la tierra”.
Por otra parte, el psicólogo y asesor departamental,
Alejandro Villegas, dice que las personas con problemas de ludopatía están
vinculadas psiquiátricamente con la ansiedad, la depresión y las fobias
sociales por lo cual, hay que tratarlos con medicinas para este tipo de respuestas emocionales ya que, para la
ludopatía como tal, no existe un medicamento. Lo que se tiene que curar son sus
efectos secundarios o consecuencias (ansiedad, depresión, estrés, tristeza,
irritabilidad entre otras).
El psicólogo Juan Carlos Giraldo tiene un centro de
Rehabilitación para adictos, en el municipio de Rionegro, al oriente
antioqueño. Se llama Brújula Salud Mental y allí hacen tratamientos de
meditación, tratamientos con cromoterapia -terapia del color-, terapia con
olores, entre otras, para los ludópatas y otros adictos.
En Medellín hay un centro de rehabilitación ubicado en el
Parque del barrio Belén llamado Jugadores Anónimos. Es un grupo de hombres y mujeres que
comparten mutuamente la experiencia, la fuerza y la esperanza para resolver
su problema común y ayudar a otros a
recuperarse de la dificultad del juego. El
único requisito para ser miembro es el deseo de dejar de jugar. (Página de internet: http://www.jugadoresanonimosmedellin.org/)
Un
buen negocio para el Estado
Los
casinos aportan gran parte de sus ganancias al Estado. El Gobierno utiliza este
dinero para la salud. Así lo afirma la ley 643 de 2001 de la Constitución
Política colombiana, que dice textualmente: “las rentas obtenidas en el
ejercicio de los monopolios de suerte y azar estarán destinadas exclusivamente
a los servicios de salud”.
Según
estas estadísticas es muy difícil que los casinos se acaben en el país. Al
Estado no le conviene para nada esto. Por esta razón, la ludopatía además de
ser una enfermedad incurable, es inacabable. Seguirá existiendo hasta el fin del
mundo.
La
única solución para prevenirla es hacer lo que dicen los especialistas: evitar al máximo ir a un
casino, y si por “x o y motivo” se asiste a un sitio como estos, se debe jugar
solo por diversión, jamás pedir dinero prestado para invertir allí, no permitir
que el juego afecte las relaciones con la familia y amigos y, sobretodo, establecer
un límite de tiempo y dinero para jugar.
Medellín y Colombia se están jugando al azar lo más sagrado: la salud
pública, cuya suerte parece echada. La ludopatía no tendrá fin y, si por algún
motivo se llevaran a acabar los casinos, quedaría el internet, la nueva
plataforma de juegos que conduce a la ciberludopatía (adicción a los juegos
online-en línea). Todo está en manos de cada persona. Cada uno decide cómo
jugar con su vida.
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